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Después del ruido…
En aguas turbulentas
10/02/2017 | Por Mario Abel

En cinco días dos de las tres principales figuras de la política argentina, el presidente, Mauricio Macri, y el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, pasaron por la provincia de Río Negro. Como estamos comenzando a transitar un año electoral, todo se mira con forma de urna.

Dado que en Río Negro la alianza oficialista nacional, Cambiemos, no ha logrado salir aún de una posición marginal, gobierna una fuerza de carácter provincial como Juntos y el FPV-PJ es un colectivo en plena etapa de cambios al mismo tiempo que la principal fuerza de oposición, sin duda el paso de Massa por General Roca tiene un impacto más profundo y denso que el de Macri por Viedma.

El diputado nacional del FR y ex candidato presidencial volvió a la provincia de la mano del intendente de Roca y presidente del PJ, Martín Soria. Si bien en el discurso todo se redujo a la preocupación por la situación de la “futicultura” y las “economías regionales”, como se apuntó más arriba estamos en un año electoral, y tanto visitante como anfitrión deben enfrentar directa o indirectamente él desafío, en distritos sumamente disímiles como Buenos Aires y Río Negro, el desafío de las urnas sí lo que se pretende es llegar al 2019 con solidez y chances de pelear por el poder.

Con la tarde que pasó con Massa y su hermana la diputada del FpV-PJ, María Emilia Soria, en la última jornada de la Fiesta de la Manzana, el intendente y candidato a gobernador trastocó el escenario político en Río Negro. Esto, tanto en lo externo como en lo interno. Fiel a su estilo, dio un paso audaz, con los peligros que conlleva.

El arribo a Río Negro del ex candidato presidencial del FR, el segundo más votado en la provincia en la primera vuelta electoral del 2015 detrás de Daniel Scioli del FpV-PJ, forma parte de un armado nacional del que participa activamente y en primera fila el senador, Miguel Pichetto. Sí alguna vez le prometió al gobernador, Alberto Weretilneck, interceder con Massa para volver a tender puentes; Pichetto o bien no pudo lograrlo, el bonaerense no quiso, o de cara al 2019 en la provincia es mejor apostar por Soria que por un efímero ex aliado que no puede aspirar a un tercer mandato. Weretilneck quedó aislado nacionalmente hablando en términos electorales, ya que por más que se arrastre con Macri, es más consciente que nadie (especialmente después de lo sucedido el jueves en Viedma) que en Río Negro aparecer junto al presidente no garantiza un futuro promisorio en las urnas.

Hacia dentro del FpV, el paso de Soria encontró resistencia dentro del espinel kirchnerista. A excepción del caso del diputado nacional, Martín Doñate, que cuenta con poder territorial real en Luis Beltrán e incidencia en los calidades vecinas del Valle Medio, el resto de las opiniones contrarias cuentan entre lo previsible y lo esperable. Sin embargo no deben pasarse por alto situaciones dentro del propio grupo que puede definirse cercano a Soria, como el caso de la ex jefa comunal de Bariloche, María Eugenia Martini, a quien el acercamiento con Massa no le produjo ninguna alegría. En los sectores históricamente referenciados con Pichetto, la cuestión estaba saldada mucho antes de que todo arrancara, aunque muchos hayan puesto cara de que no les gustó enterarse cuando vieron las “fotos”. Mirado pragmáticamente el acercamiento (termine adonde termine), en principio podría favorecer en este año electoral al FpV, sí a la hora de inscribir listas, el FR declina volver a presentar candidatos como ya sucedió en el 2015 y gracias a lo cual hoy Sergio Wisky es diputado nacional, después de haber salido tercero en los comicios de octubre de ese año.

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La presencia de Macri en Viedma, que trastocó la vida cotidiana de la ciudad y no porque existieran muchedumbres que lo aclamaran en las calles sino porque se armó un laberinto de vallas y se saturó la zona céntrica de uniformes de todos los colores, fue una puesta en escena de las ya habituales desde el diez de diciembre del 2015.

Un Plan Patagonia que flota en una nebulosa tan difusa como el del propio Weretilneck, Castello, y un montaje que se salió del eje a partir de fuertes protestas y del ejercicio desmedido de la violencia por parte de efectivos de la fuerza de seguridad provincial contra el máximo dirigente de ATE, Rodolfo Aguiar, y otros integrantes de ese gremio, fue el resumen de la visita presidencial.

Para el presidente y su comitiva el paso por Viedma terminó de confirmar (ver aparte “Cambiemos, la nada y el devenir”) que la alianza oficialista nacional no existe en Río Negro como tal, literalmente, y que incluso los intendentes como el anfitrión, José Luis Foulkes, hasta esquivaron fotos conjuntas.

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La presencia del presidente en Viedma, puede haber hecho olvidar por unas horas nada más, el verdadero y repudiable escándalo que significa el caso de abuso sexual en que se encuentra envuelto el legislador de Juntos somos Río Negro, Rubén López.

El caso, que arranca con una denuncia en noviembre del año pasado (es decir hace más de dos meses), recién fue ventilado por el diario Río Negro el fin de semana pasado, y cuando días antes el vicegobernador, Pedro Pesatti, conovcó a una reunión de Labor Parlamentaria, que solo cobró sentido, cuando se trató la cuestión del legislador.

Como en un montaje en cadena, el caso López se informa después de más de dos meses, y recién esta misma semana, aparece una fiscal que lo imputa. Para el gobernador Weretilneck, el caso pertenece al ámbito de la vida privada, cuando es obvio que una persona pública (como es el caso de López) no solo debe rendir cuentas ante la sociedad por lo que hace en sus funciones, de legislador o sindicalista, sino que sus actos “privados” también son parte de ese mismo sujeto
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Todo huele tan armado, tan negociado, tan a la rionegrina, que preocupa aún más que todo se reduzca a tres meses de licencia y sin goce de sueldo para López y sus asesores; a excepción por supuesto, que el mismo denunciado haya amenazado hacia dentro del oficialismo con prender el ventilador, ya que después de todo sí amenazó con fiereza a una persona involucrada en la causa por teléfono invocando la figura del gobernador, es porque cree que la niebla de la impunidad puede volver a cernirse como casi siempre, cuando el “poder” es el que se encuentra interpelado. Aún nadie se explica racionalmente, como fue que apareció el cuerpo del policía secuestrado en Bariloche, Lucas Muñoz, prolijamente preparado en un lugar que ya había sido rastrillado, y rápidamente parte de la ciudad el gobernador y la persona que se encuentra a cargo del ministerio de Seguridad y Justicia.









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